Cuando yo era una niña,
hace tanto, tanto tiempo,
aquellas viejas luces de bombillas enormes
encendían la vida de la Calle Real
y una íntima emoción en mi inocencia.
Las luces se han vuelto demasiado sofisticadas.
Han pisado las bombillas de mi infancia
y, como al hombre de hojalata,
me han colocado un reloj por corazón.
Puede que cambien las viejas luces,
puede que nosotros también cambiemos,
pero volvamos a ser niños que miren y no se asusten,
cambie lo que cambie,
en este mundo absurdo.
L. de Fraga.
miércoles 14 de diciembre de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentarios:
Hermosas cosas escribes eh leído algunas y la verdad me alegra haber encontrado tal suerte. saludos desde Colombia.
Publicar un comentario en la entrada